Dirigente de la FAPI denuncia que la reducción de los bosques pone en peligro la vida y la cultura tradicional de los niños, niñas y adolescentes de las comunidades indígenas

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Este martes 12 de octubre se llevó a cabo un encuentro virtual sobre «El impacto de la deforestación en la vida de niñas, niños y adolescentes». El conversatorio tuvo lugar como parte del ciclo Articulando acciones para la niñas y la adolescencia frente al cambio climático. En la ocasión, participó como panelista, Alberto Vázquez, presidente de la Asociación de Comunidades Indígenas de Itapúa (ACIDI) y parte de la comisión directiva de la FAPI, quien se refirió a cómo afecta el cambio climático a las comunidades indígenas de la que también forman parte niños, niñas y adolescentes. Así también, estuvieron como disertantes Magui Balbuena, de la Asociación de Mujeres Campesinas; y Deysi Gill, del INFONA.

Alberto Vázquez destacó primeramente la importancia de los niños, niñas y adolescentes para las comunidades indígenas. «Son el bien más preciado. Los miembros de las comunidades organizan su vida para acompañar y fortalecer la cultura y la espiritualidad de cada pueblo desde la infancia», indicó, tras recordar que en Paraguay existen 19 Pueblos Indígenas, distribuidos en aproximadamente de 700 comunidades asentadas en ambas regiones del país. Agregó que la población indígena representa el 2 % de la población nacional, de esta población más del 70 %, unas 85.000 personas, viven en situación de pobreza y pobreza extrema, entre ellos los más afectados son los niños/as, ancianos y las mujeres indígenas.

Prosiguió diciendo que la vida de las comunidades, tanto en el Chaco como en el Oriente, siempre estuvo muy conectada al bosque a su riqueza animal, vegetal e hídrica. «Sobre todo, nuestros conocimientos tradicionales relacionados a la medicina tradicional, la elaboración de artesanía con materiales que provee el bosque y también la fue relación espiritual con nuestros Dioses», dijo.

Afirmó que los pueblos indígenas necesitan de los bosques, son vitales para fortalecer su identidad cultural. «Antes de hablar de los niños y las niñas, quiero dar un contexto nacional relacionado a los bosques ya que la producción nacional para la exportación crece a costa de los bosques que son degradados y destruidos para dar paso los monocultivos. Como sabrán, Paraguay ocupa el séptimo lugar de productor y cuarto lugar de exportación de soja en el mundo. Ocupamos el puesto 16 en producción y séptimo en exportación de carne. Es decir, producimos comida para los animales de otros países, pero se termina nuestra comida tradicional, de los pueblos indígenas y se pone en peligro la vida tradicional indígena», dijo.

Añadió con respecto al Chaco, que es el lugar donde hay una gran deforestación que se destaca a nivel mundial. «Con la pérdida de los bosques se pierde también la biodiversidad, que ancestralmente fue fuente segura de alimentación de los niños y niñas de las comunidades. También están los indígenas en aislamiento voluntario que como familia extensa se movilizan por el bosque y se encuentran en peligro constante por el avance de la ganadería y la deforestación de la zona. En estas familias creemos que también están integradas por niños y niñas, y los compañeros de la organización OPIT realizan un esfuerzo extraordinario para conservar dichas tierras para asegurar la vida de sus hermanos no contactados, lamentablemente la deforestación es una amenaza constante», dijo Vázquez.

Denunció además que la presión sobre las comunidades es muy grande, «la reducción de nuestros bosques avanza sin pausa y hoy estamos muy lejos de poder criar a nuestros hijos a través de nuestros usos y costumbres tradicionales, en especial en lo que se refiere a la diversidad en la alimentación. Ahora nos imponen como base de alimentación harina, el arroz y otros productos refinados que debemos comprar», dijo.

Con respecto a la región Oriental, la situación también es de emergencia y muy grave. La presión sobre los territorios asegurados es grande y la inseguridad jurídica sobre los reclamos territoriales es muy fuerte, a pesar de que desde hace varios años compañeros y compañeras se encuentran reclamando la restitución de sus territorios, cada vez es más difícil lograr que se respeten nuestros derechos.

Habló también sobre los desalojos a las comunidades indígenas, «donde quienes sufren los verdaderos impactos de esta injusticia social son los niños y niñas por la falta de alimentos, la pérdida de espacios seguros y vitales como el opy (templo), escuelas indígenas y con ello el derecho universal a la educación formal y la educación tradicional que está basada en nuestros bosques».

Contó que pertenece al pueblo Mbya Guaraní, de la zona de Itapúa. «Nosotros necesitamos resguardar y proteger nuestros bosques porque el ser Mbya está estrechamente relacionado con el bosque. Nuestra organización, cada cierto tiempo, organiza reuniones con los niños/as, los adolescentes y nuestros mayores (abuelos y abuelas) para aprender sobre nuestro modo tradicional de vida y nos encontramos todos en nuestro Tekoha Guasú, conocido por los no indígenas como reserva para parque San Rafael. En dicho lugar tenemos aseguradas 14 mil hectáreas y más de 40 mil reclamadas. Allí los niños y las niñas, los adolescentes entran a nuestra escuela con nuestros maestros, para aprender a reconocer y recoger frutos y las plantas medicinales que utilizamos ancestralmente. El sistema tradicional de cultivo con nuestro propio maíz, tabaco y yerba mate. También enseñamos la elaboración de nuestras armas de cacería, como también clases de elaboración de artesanía y todas estas enseñanzas dependen de la salud de nuestros bosques».

Recordó que últimamente esta riqueza se está perdiendo, «porque nuestros bosques disminuyen cada día, se están secando fuentes de agua, por la deforestación y la mecanización en fincas vecinas, ya que los Yvu están entrelazados. También la presencia de supuestos campesinos sin tierra, que arrasan con los animales silvestres, deforestan ilegalmente y molestan a las familias indígenas, generan intranquilidad. Así también, ya no podemos ir tranquilos por el bosque por los cultivadores de hierbas prohibidas».

Señaló que con la reducción de los bosques, están en peligro la vida y la cultura tradicional de los niños y niñas, como también la supervivencia de los Pueblos Indígenas. «La deforestación contribuye a aumentar los efectos negativos al cambio climático, y estos efectos son más fuertes en las comunidades vulnerables como lo son los Pueblos Indígenas y entre ellos, los niños, los ancianos y las mujeres».

Agregó que por todo ello desde la FAPI se viene luchando por políticas públicas que garanticen los derechos los pueblos indígenas y se elaboran propuestas propias, como por ejemplo, el Plan Indígena de Acción Climática que fue construido participativamente y entregado al Ministerio del Ambiente, al Infona y al Indi, y se emprenden acciones de incidencia y exigibilidad.

Dijo que es importante exigir que se sancione a los que deforestan y roban los recursos de los Pueblos Indígenas y que se garantice la participación de los pueblos y comunidades indígenas en todo proyecto o programa que involucre a los territorios. «Así también con un gran esfuerzo, con poquísimo apoyo del MEC, estamos impulsando el proceso de construcción de los currículos propios de cada pueblo, para que se cumpla la Ley N° 3.231 de Educación Indígena. Con los currículos propios queremos fortalecer la cultura de cada pueblo, trasmitir la cultura, las practicas tradiciones, el idioma de cada pueblo y para ello la conservación de los bosques es fundamental, es el espacio de aprendizaje que necesitamos y en el que podemos desarrollar muchos conocimientos y prácticas tradicionales», recordó.

Indicó que como pueblos indígenas se aporta y se puede aportar mucho más en la lucha contra el cambio climático, «para ello es necesario luchar también contra la discriminación y abrir más espacios de diálogo y aprendizaje conjunto como este espacio», puntualizó.

El espacio contó además con la disertación de estuvo organizado por la Coordinadora por los Derechos de la Niñez y Adolescencia (CDIA), en alianza con el Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible (MADES), PNUMA y UNICEF Paraguay; con el apoyo de ICCO Cooperación y Kert in actie (Países Bajos); y la colaboración de Decidamos.

Alberto Vázquez, presidente de la ACIDI, y parte de la directiva de la FAPI.

 

 

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